ROL DEL DOCENTE: TRABAJO COLABORATIVO

 ROL DEL DOCENTE

En el aprendizaje colaborativo el docente se convierte en un mediador, promoviendo la activación cognitiva y afectiva en el individuo, fomentando su motivación, definiendo de manera clara y concisa los objetivos que se persiguen y, apoyándolos en la apropiación de su proceso de aprendizaje. El docente es el promotor del aprendizaje, brinda apoyo a lo largo de todo el proceso, pero delega la responsabilidad de todo lo que sucede en las personas que conforman cada grupo. La función primordial del docente es capacitar a sus estudiantes para que presten apoyo y tomen decisiones en relación con su propio aprendizaje.

Esto implica un cambio sustancial en la forma tradicional de enseñar. Collasos, Guerrero y Vergara (2001, p. 6) señalan que “(…) el profesor como mediador no debe influir sobre el aprendizaje del estudiante diciéndole qué hacer o cómo pensar, sino por el contrario, debe ser hecho de tal forma que lo lleve al eje principal del pensamiento”.

Para que el docente pueda cumplir con su rol de mediador, deberá haberse capacitado para ello y haber experimentado el proceso de construcción y reconstrucción de su propio modelo educativo inclusivo. El docente se beneficiaría de un entrenamiento para ser facilitador en la creación de comunidades de aprendizaje que fomenten la interdependencia positiva y efectiva entre todas las personas que conforman dicha comunidad, así como la reflexión individual necesaria para que se dé un aprendizaje de calidad.

Calzadilla (2002, p. 6) recomienda una serie de pautas que debe seguir el docente antes de conformar los grupos colaborativos y durante el tiempo que estos grupos se mantengan trabajando, con el fin de garantizar las condiciones ambientales y mediáticas necesarias para el éxito del aprendizaje colaborativo. Algunas de esas pautas son:

  1. estudio pormenorizado de capacidades, deficiencias y posibilidades de los miembros del equipo;
  2. establecimiento de metas conjuntas, que incorporen las metas individuales;
  3. elaboración de un plan de acción, con responsabilidades específicas y encuentros para la evaluación del proceso;
  4. chequeo permanente del progreso del equipo, a nivel individual y grupal;
  5. cuidado de las relaciones socioafectivas, a partir del sentido de pertenencia, respeto mutuo y la solidaridad, y discusiones progresivas en torno al producto final.

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